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Presión deportiva infantil, cómo manejarla

En casa, en el trabajo, en los estudios, en la relación con los iguales; en numerosas ocasiones debemos mostrar nuestras habilidades y competencias a fin de superar los retos y problemáticas que se nos presentan. Ya sea porque el entorno lo pide o porque nos lo imponemos a nosotros mismos, debemos rendir y debemos mostrar nuestra mejor versión para conseguir alcanzar los objetivos marcados, para cumplir expectativas.

El deporte no es ajeno a este fenómeno, ya sea en el deporte de iniciación o en el alto nivel deportivo, el/la deportista se somete diariamente al juicio de decenas, centenares o miles de agentes sociales a su alrededor. Del mismo modo, el/la propio/a deportista contribuye en la mayoría de los casos y de manera inconsciente a incrementar esta presión, tiene la necesidad de rendir, de mostrarse competente y de alzarse con la victoria.

Los deportistas están constantemente compitiendo con el rival durante la competición, con los compañeros en entrenamientos y, como no, con ellos mismos y sus mejores versiones. Además de las expectativas formuladas por los propios deportistas, encontramos que a su alrededor pueden aparecer puntualmente distintos agentes que de manera voluntaria o involuntaria ejercen todo tipo de presión y/o exigencias para que poco a poco vayan mejorando en su actuación durante su vida deportiva.

Así, en el deporte de iniciación, encontramos que a pesar de estar dando sus primeros pasos en la práctica deportiva y, por lo tanto, descubriendo los elementos básicos de las distintas disciplinas, los deportistas jóvenes se ven sometidos a presiones y expectativas muy alejadas de una filosofía de aprendizaje y diversión, manera de entender el deporte que supuestamente debería imperar en las primeras etapas de la vida del deportista.

Qué es la presión deportiva y cómo usarla en nuestro favor

En primer lugar, es necesario definir qué entendemos por presión. Creemos acertado decir que la presión es el estrés experimentado por el deportista en competición y/o entrenamientos. Así, si hablamos de estrés, nos fijamos en la definición dada por Dosil y Caracuel (2003) en la que entienden este concepto como un desequilibrio entre lo que el deportista percibe que son sus habilidades y/o capacidades y lo que le demanda la competición o reto enfrente suyo.

En segundo lugar, y después de haber dado la definición anterior, daríamos una respuesta inmediata a la pregunta de si “podemos usarla para nuestro beneficio o debemos evitarla siempre”. Así, diríamos que el estrés (nivel de activación) bien gestionado es necesario y beneficioso para el rendimiento del deportista.

Para explicar de manera gráfica y breve lo anteriormente mencionado y teniendo en cuenta la definición dada acerca de presión deportiva o estrés en el deporte, hemos elaborado un cuadro explicativo de cómo el deportista gestiona una situación demandante teniendo en cuenta los recursos y/o habilidades de las que dispone. Vemos en él que, en función del tipo de ajuste que éste consiga, será capaz de no verse afectado (no estrés), de potenciar su rendimiento (estrés positivo) o perjudicarlo (estrés negativo).

Presión deportiva en el deporte infantil

Cuadro de elaboración propia

Es interesante ver que, en el manejo del estrés, el deportista o la deportista joven puede experimentar ansiedad (nivel de estrés excesivo). Así, la ansiedad es uno de los síntomas del estrés, es fruto de la percepción de peligro por parte del deportista de una situación a priori neutra (anticipa).

En este sentido, el rendimiento en competición y/o entrenamiento varia y no siempre se mantiene estable. Entre muchos otros elementos, será el nivel de activación (estrés) ante los distintos escenarios competitivos el que hará fluctuar el rendimiento entre positivo o negativo. A continuación mostramos una figura que ilustra claramente como el rendimiento varía en función del nivel de activación (estrés) del deportista.

Psicología deportiva y presión deportiva

Figura de elaboración propia

A modo de cierre, es importante añadir que, si bien la imagen anterior muestra un ejemplo estándar, durante la competición, y dependiendo del deporte y de la demanda, el nivel de activación óptimo variará (no siempre será 5).

Diferenciemos entre exigencia y presión deportiva

Si revisamos la literatura acerca de lo que significa exigencia, encontramos que cuando acuñamos este término nos referimos a las demandas que el deportista recibe tanto de su entorno como de él mismo, muchas veces en forma de carencias o aspectos a trabajar para conseguir un mayor rendimiento en sus disciplinas deportivas. En esta línea, resulta interesante leer el artículo de Jaenes Sánchez (2008) acerca de “Las exigencias psicológicas del alto rendimiento deportivo”, donde menciona las principales demandas recibidas fruto de la exigencia en el deporte (demandas emitidas por entrenadores sobre sus deportistas).

Si seguimos ahondando en el término de exigencia, además de demandas a nivel psicológico, también entendemos su significado como demandas que se le imponen al deportista por las condiciones externas de la actividad en forma de tarea deportiva, es decir, a modo de objetivos de rendimiento a cumplir a corto, medio o largo plazo.

Así, si bien la exigencia en el deporte viene dada por aquellos factores que demandan al deportista hacer una demostración de sus habilidades de manera óptima, la presión deportiva debemos entenderla como el resultado de unas elevadas exigencias. Es decir, cuando las exigencias o las demandas superan las capacidades físicas, técnicas, tácticas y/o psicológicas del deportista, puede aparecer la presión en forma de estrés o ansiedad en los casos más extremos.

Para finalizar, a modo resumen, sería por lo tanto coherente decir que la exigencia viene dada por las demandas en el deporte a distintos niveles (físico, técnico, táctico, psicológico) y que la presión sería el resultado de una exigencia superior a las capacidades del deportista.

¿Es necesaria la psicología del deporte en niños y adolescentes?

La pregunta que encabeza este apartado necesita matices y aclaraciones para poder ser respuesta en condiciones.

En primer lugar, sería interesante plantearnos lo que significa “necesario”. Si bien la Psicología como campo de estudio y de intervención aporta beneficios evidentes en los distintos ámbitos de nuestra vida, debemos contemplarla como un recurso a nuestro alcance que previene y/o potencia nuestras habilidades, nuestro rendimiento; así, puede ser acertado alejarse de una concepción rígida del trabajo psicológico. La necesidad de trabajar con un deportista su faceta psicológica vendrá determinada por factores distintos en cada individuo y, al mismo tiempo, se trabajará diferente en cada caso. En este sentido, la psicología aplicada al deporte debe contemplarse a la par con otras áreas como la física, la táctica y la técnica y, por lo tanto, trabajarse con una necesidad e intensidad marcadas por las características del deporte, el deportista, sus habilidades, el nivel deportivo, su entorno deportivo, etcétera.

En segundo lugar, debemos mencionar que la psicología aplicada al deporte se puede trabajar tanto directa como indirectamente con los deportistas. Así, en el caso de los deportistas jóvenes, se recomienda trabajar la psicología a través de los distintos agentes deportivos alrededor de los mismos. Por ejemplo, podemos trabajar a través de los entrenadores aspectos motivacionales, de comunicación, de aprendizaje, de establecimiento de objetivos, de liderazgo,… Del mismo modo, si nos fijamos en la figura de los padres y madres de los deportista jóvenes, resulta muy interesante trabajar la psicología en el deporte a través de ellos con el objetivo de asesorar y/o formarles para que el acompañamiento de la práctica deportiva a sus hijos/as sea lo más positiva y saludable posible.

Por último, el nivel deportivo de nuestro hijo/a en edades tempranas determinará si resulta más adecuado trabajar la psicología de manera indirecta, a través de asesorar y/o formar a entrenadores, padres, árbitros, directivos,… (Deporte de base o iniciación) o si, por el contrario, se requiere trabajar de manera directa con el deportista. Esta segunda opción es más realista trabajarla en un ámbito deportivo de rendimiento en edades tempranas y, concretamente, en determinadas disciplinas deportivas.

Así, y dando respuesta a la pregunta que encabeza este apartado, la psicología será necesaria trabajarla de manera directa o indirecta con el deportista en función de los distintos elementos mencionados a lo largo de los párrafos anteriores.

El papel de los padres

Ejercer de padres y madres de deportistas jóvenes no resulta nada fácil. Cuando vemos que nuestro hijo o nuestra hija se interesa por un deporte y se lo pasa bien practicándolo, queremos ser partícipes de esa etapa de su vida y ayudarles a que mejoren y mantengan su gusto por la práctica deportiva. Ante dicha situación, resulta normal que emerjan dudas o inquietudes sobre cómo afrontar esas situaciones, sobre cómo acompañar a nuestros hijos en esta práctica. Los padres y las madres somos protagonistas y referentes involuntarios para nuestros hijos. Somos sus primeros ejemplos y guías para hacer frente a los retos vitales que se van encontrando en el camino de su desarrollo personal. Por supuesto, el deporte no queda exento de ello.

Nuestra influencia en la práctica y manera de entender el deporte, por parte del deportista joven, es innegable. El interés y actitud de estos determinará, entre otras cosas, la modalidad deportiva, el grado de implicación y la relación que este deportista construirá con la actividad física y su entorno deportivo.

Así, el acompañamiento que como padres y madres de los deportistas jóvenes podemos hacer es desde el apoyo emocional, buscando empatizar en cada momento con sus reacciones e intereses acerca de su disciplina deportiva. Al mismo tiempo, entender que el protagonista o la protagonista principal de esta práctica deportiva es nuestro hijo/a, esta mirada nos facilitará acercarnos más a sus dudas, entender mejor sus reacciones y en último término orientarlo adecuadamente en la búsqueda de soluciones.

En este sentido, ser conscientes que a su alrededor existen profesionales encargados de potenciar su rendimiento y de facilitar las herramientas idóneas para su desarrollo integral será la clave para ofrecerle un entorno nutritivo y de confianza con los distintos agentes cerca suyo (entrenadores/as, compañeros/as, árbitros/as, preparadores/as físicos, psicólogos/as, directivos/as, etc).

A modo conclusión, nuestro papel como padres y madres puede ser el de apoyar y trabajar para escucharlos, entenderlos y estar presentes para guiarlos en sus momentos tanto buenos como no tan buenos. Tanto si el resultado es negativo como positivo, el protagonista de ese momento es nuestro hijo/a y quien va a vivir con mayor intensidad los sucesos será él/ella, por este motivo facilitar la correcta digestión de dichos acontecimientos y, al mismo tiempo, favorecer la aparición de aprendizajes y valores positivos para el desarrollo deportivo y personal será la mayor labor y responsabilidad que tengamos como padres y madres.

— Manuel Caragol Pugés to www.psicologosdeldeporteonline.com