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¿Cómo afecta la depresión al contexto familiar?

Aquellas personas que han visto de cerca la depresión saben que este es un trastorno psicológico que, en muchas ocasiones, no limita sus daños únicamente a la persona que lo desarrolla en sus propias carnes.

Es cierto que algunas personas tienden a intentar ocultar que están muy mal anímicamente, pero normalmente la depresión se plasma en hechos objetivos que llaman la atención de quienes forman parte de su círculo cercano, sobre todo si la conocen desde hace tiempo. Y frecuentemente, el modo en el que esta psicopatología no solo supone una señal de alerta para estas personas, sino que también las daña a ellas, de un modo más indirecto.

En este artículo nos vamos a centrar en quienes más tiempo pasan en compañía de las personas deprimidas, y que son también, normalmente, quienes sienten un vínculo emocional más fuerte con ellas: sus familiares.

¿Cómo afecta a una familia el hecho de tener a alguien con depresión?

Está claro que no existe un único modelo de familia y que si cada persona es un mundo, las características únicas de cada unidad acquainted se multiplican, ya que entran en juego muchas más características propias e irrepetibles.

Es por eso que tanto en la teoría como en la práctica, ningún hogar vive la depresión de la misma manera.

Sin embargo, la gran cantidad de investigaciones que se han realizado acerca de los efectos de este trastorno del estado de ánimo hace que hoy por hoy conozcamos una serie de patrones psicológicos que, estadísticamente, son relativamente frecuentes en las familias en cuyo seno hay alguien que ha desarrollado depresión.

Basándonos en eso, aquí encontrarás un resumen acerca del modo en el que esta psicopatología afecta al contexto acquainted de la persona; pero tengamos en cuenta que no en todos los casos ocurrirá esto, y que el mejor modo de conocer el impacto de la depresión en un grupo de personas concreto es ir a un psicólogo, para que este profesional analice el caso de forma específica y personalizada.

1. Genera una mayor propensión a las discusiones

La depresión produce, con frecuencia, problemas de convivencia en el ámbito acquainted, dado que la persona que expresa estos síntomas se siente decaída y con poca energía, no demasiado dispuesta a involucrarse en tareas que no son consideradas imprescindibles.

Esto lleva fácilmente a la frustración por parte de los miembros de la familia, que observan en la otra persona una pasividad que no siempre son capaces de comprender, y por otro genera irritabilidad en la persona deprimida, que siente que no puede aislarse todo lo que querría. La mezcla de ambos elementos se traduce en situaciones de enfrentamiento, que a veces pasa a ser hostilidad por ambas partes.

2. Da pie a sentir culpa

La culpa es un sentimiento relativamente routine en los miembros de la familia a los que tradicionalmente se les asigna un rol protector con respecto a la persona con depresión: específicamente los padres y madres, y los hermanos y hermanas de edad related o superior.

Esto ocurre en menor medida en casos en los que estas personas están bien informadas acerca de las características de la depresión y saben que se trata de una psicopatología cuyas causas en la mayoría de los casos escapan al management de la familia en un principio. De todos modos, allí donde ha aparecido este sentimiento de culpa, es importante que se transforme en voluntad de ayudar colaborando en el proceso terapéutico en la medida de lo posible, en vez de llevar al auto-sabotaje y a los intentos por evitar pensar en el problema.

3. Mayor propensión en desarrollar depresión

Está claro que la depresión no se contagia tal y como lo hacen algunas enfermedades médicas, pero sí es cierto que cuando se plasma a través de acciones, puede contribuir a crear contextos que facilitan la aparición de trastornos psicológicos en quienes se exponen a ellos de manera routine.

Así, por ejemplo, se ha visto que los hijos e hijas jóvenes de personas con depresión también tienen un mayor riesgo de desarrollarla, incluso teniendo en cuenta los factores de tipo genético.

4. Favorece el aislamiento

Muchas familias sienten vergüenza a causa del sufrimiento que ven en la persona con depresión, y adoptan un estilo de vida en el que se valora más la privacidad y se tiende a la reclusión, ya sea complete o parcial. Por ejemplo, las familias en las que alguien sufre depresión tienen menores probabilidades de ir a eventos sociales todos juntos.

Esto, a su vez, suele dificultar la recuperación de la persona deprimida, dado que pasa a tener acceso a una cantidad de estímulos y de actividades mucho menor, y con menos capacidad de plantear situaciones novedosas con las que conectar emocionalmente.

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Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Affiliation -APA- (2014). DSM-5. Handbook diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.
  • Balaban, C.D.; Thayer, J.F. (2001). Neurological bases for balance-anxiety hyperlinks. J Nervousness Disord. 15 (1–2): pp. 53 – 79.
  • Bettis, A.H.; Forehand, R.; Sterba, S.Okay.; Preacher, Okay.J. & Compas, B.E. (2018). Nervousness and Despair in Kids of Depressed Mother and father: Dynamics of Change in a Preventive Intervention. Journal of Scientific Baby & Adolescent Psychology, 47(4): pp. 581 – 594.
  • Nationwide Analysis Council (US) and Institute of Medication (US) Committee on Despair, Parenting Practices, and the Wholesome Improvement of Kids; England, M.J. & Sim, L.J. (eds) (2009). Associations Between Despair in Mother and father and Parenting, Baby Well being, and Baby Psychological Functioning. Washington (DC): Nationwide Academies Press.
  • Sander, J.B. & McCarty, C.A. (2006). Youth Despair within the Household Context: Familial Danger Elements and Fashions of Therapy. Scientific Baby and Household Psychology Evaluate, 8(3): pp. 203 – 219.

— Avance Psicólogos to psicologiaymente.com

Los 9 principales motivos por los que las personas se intentan suicidar

Es difícil pensar por qué un amigo, un acquainted o una persona querida ha decidido acabar con su vida. Tanto si logra suicidarse como si queda en un intento, esta decisión es algo que en muchas ocasiones no se veía venir y, cuando se da, hace que surjan muchas preguntas.

No siempre suelen haber señales de advertencia claras, con lo cual muchas veces, el motivo que ha llevado a que una persona se suicide acabe siendo un absoluto misterio. Pero una cosa debe quedar clara: nadie se suicida porque sí.

Son varios los motivos más frecuentes por los que las personas intentan suicidarse, y los vamos a ver a continuación.

Motivos más frecuentes por los que las personas se intentan suicidar

Muchas personas se preguntan qué es lo que ha hecho que un ser querido haya decidido tomar la decisión de quitarse la vida. Muchas veces el intento de suicidio queda en eso, un intento.

Pero lamentablemente, en otras la persona acaba consiguiendo lo que se había propuesto, sembrando un montón de dudas y preguntas entres sus familiares y amigos que intentan comprender por qué ha sucedido. El hecho de no haberlo visto venir les causa gran malestar, sintiéndose culpables y viviendo, en muchas ocasiones, el síndrome del superviviente.

Siguen existiendo muchos mitos sobre el suicidio, pese a que no son pocas las campañas de prevención que han intentado concienciar sobre la gravedad de este problema. Las personas que intentan quitarse la vida lo hace porque están sufriendo mucho. Creen que no vale la pena seguir viviendo y que, haya lo que haya al otro lado, si es que lo hay, es preferible al infierno que están viviendo. No es que no piensen en sus seres queridos, o que les quieran hacer daño, sino que ya no pueden más.

Los principales motivos por los que las personas se intentan suicidar son muchos. La mayoría de ellos tienen en común que la persona se sentía desesperanzada, que no había luz al last del túnel y que tenía que ponerle fin a su sufrimiento. A continuación veremos estos motivos por los que una persona determine ponerle fin a su vida.

1. Depresión

La depresión es, lamentablemente, el trastorno que más intentos de suicidio provoca, y, también, el que más personas se lleva. Uno de los síntomas principales de la depresión severa es el sentimiento constante de desesperación, sufrimiento y pocas expectativas de futuro. Una baja autoestima suele ser un rasgo común en personas profundamente deprimidas, y sienten que no valen nada, que el mundo estaría mejor sin ellas.

Pero pese a que es el trastorno que causa más suicidios es, irónicamente, el que más posibilidades tiene de ser mejorado con tratamiento. La depresión no se cura por arte de magia, pero se puede mejorar mucho la vida de la persona acudiendo al psicólogo y, en caso necesario, tomando medicación. Es por esto que es tan elementary insistir con acudir a este tipo de profesional en caso de que se tenga sospecha de que un acquainted, amigo o conocido padece este trastorno. Hay muchas posibilidades de evitar su suicidio.

2. Esquizofrenia y brote psicótico

Muchas personas con esquizofrenia o que están padeciendo un trastorno psicótico acaban suicidándose. Las alucinaciones auditivas se pueden presentar en forma de voces, las cuales pueden hacerle comentarios al afectado que no son nada positivos. Pueden incitarle a que se haga daño y acabe con su vida. Las razones que le dan estas voces no tienen por qué ser racionales, pero el paciente les ve algún tipo de sentido.

A diferencia de la depresión, la psicosis y la esquizofrenia son más difíciles de enmascarar, lo cual es, en cierta manera, positivo dado que ante un paciente con estos problemas se hace más obvia la necesidad de ayuda profesional. Lo negativo de estos trastornos es que son más trágicos, en el sentido de que son de más difícil tratamiento y la necesidad de fármacos es extrema.

3. Alcohol, drogas e impulsividad

El consumo de alcohol y de sustancias pueden influir en la decisión de una persona de quitarse la vida. Es posible que ya tenga ideación suicida estando sobrio, pero que sean simples fantasías o imaginarse que pasaría si abandonara el mundo. No obstante, cuando se ha alcoholizado o se encuentra con el subidón de la droga, se vuelve más desinhibido, y dentro de esa mayor desinhibición está el intentar llevar a cabo esas fantasías suicidas.

Por otro lado está la impulsividad como rasgo de personalidad. Hay personas que, estando muy alteradas, se les pasa por la cabeza todo tipo de pensamientos, entre ellos los suicidas. Ya sea por el calor del momento o porque lo tenían pensado desde hacía tiempo, intentan cometer suicidio y, lamentablemente, a veces lo consiguen.

En caso de no conseguirlo, tanto para las personas que han tomado drogas como las que son más impulsivas, cuando se encuentran menos alteradas sienten un profundo remordimiento por siquiera haberlo pensado. Empiezan a empatizar con sus familiares y amigos, y comprenden el daño que les hubieran podido hacer.

4. Petición de ayuda

En muchas ocasiones el intento de suicido es una petición de ayuda. La persona no quiere morirse, pero siente que si no llama la atención de esta forma su círculo cercano no la va a tomar en serio. Cabe decir que las personas que suelen recurrir a esta vía suelen ser adolescentes, que carecen de los medios y de la madurez para expresar sus problemas, o personas que tengan dificultad para dar a conocer todo el sufrimiento que están viviendo, pero que efectivamente quieren dejar de sentir.

Lamentablemente, no son pocas las veces en que estos intentos suicidas se convierten en un suicidio consumado, sobre todo por la desinformación del parasuicida. Es recurrente en quienes intentan suicidarse a modo de petición de ayuda que consuman alguna pastilla, teniendo una sobredosis. Piensan que llamarán la atención, les llevarán a urgencias y ahí les harán un lavado de estómago y estarán fuera de peligro. El problema es que tomar demasiadas pastillas puede dañar gravemente el hígado y los riñones, teniendo efectos mortales.

5. Enfermedad terminal

La decisión de moriri por suicidio puede estar muy racionalizada, en el sentido de que la persona desea realmente morir no porque tenga un trastorno psychological o se sienta mal psicológicamente hablando, sino porque padece una enfermedad terminal. Su vida se está acortando por culpa de una enfermedad incurable, una condición médica que da igual cuántos fármacos tome, cuantas operaciones le hagan o qué dieta siga: no la puede controlar. Decidir cuándo morir es lo único que pueden controlar, y no quieren que la enfermedad se lo arrebate.

Cabe decir, no obstante, que no todas las enfermedades crónicas son igualmente discapacitantes o disruptivas en la vida del afectado, pero sí que son muchas las que correlacionan con mayor riesgo de suicidio. Se ha visto que enfermedades crónicas que podríamos considerar “leves”, como el asma, el dolor de espalda, la hipertensión sanguínea y las migrañas pueden ser causa de suicidio casi tanto como el cáncer terminal, daño cerebral, problemas cardíacos altamente discapacitabntes, última fase de la enfermedad VIH/SIDA, enfermedad de Parkinson.

Esta motivación suicida es la que ha hecho que varios países como Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos, Canadá y Colombia hayan legalizado la eutanasia. La justificación para permitir el suicidio asistido en algunos casos es que, dado que la persona no va a poder disfrutar de los pocos años que le quedan y los va a vivir con gran sufrimiento, no se puede considerar humano permitir que muera de forma indigna o que decida quitarse la vida de forma especialmente traumática para con los de su entorno.

6. No querer ser una carga

Este es un motivo común en personas que padecen una enfermedad crónica, sobre todo cuando tienen que ser cuidados por familiares. A medida que la enfermedad va incapacitándoles más, más dependen de sus familiares, y a veces sienten que son una carga y que lo mejor sería abandonar el mundo ya.

Quieren morir porque se sienten terriblemente culpables por arrebatarles la vida a personas que están sanas y que podrían disfrutar sus vidas si ellas no estuvieran todavía vivas. Cuando todavía tienen movilidad este tipo de pacientes intentan acabar con su vida antes de que no lo puedan hacer por ellos mismos.

7. Miedo al fracaso

En una sociedad en la que las presiones sociales pueden ser verdaderamente intensas, el miedo al fracaso y al que dirán se convierte en un problema psicológico muy serio.

No son pocas las personas que consideran que no llevar una vida perfecta, de acuerdo a sus propios ideales, es sinónimo de no valer nada. Ya sea alejándose de su vida idealizada o tener una mala racha, muchos deciden acabar con su vida. Algunos ejemplos de motivos por los que una persona se ha suicidado por miedo a fracasar son:

  • Ser arrestado o encarcelado
  • Acoso escolar, humillación, ciberacoso, acoso laboral
  • Problemas económicos
  • Fin de una relación amorosa o de amistad significativa
  • Pérdida del empleo
  • Pérdida de familiares o amigos por revelar orientación sexual propia
  • Pérdida de estatus social

8. Estrés traumático

Las personas que han sufrido una experiencia altamente traumática, como puede ser abuso sexual, violación, abuso físico o trauma por haber presenciado una guerra, tienen un mayor riesgo de suicidio, incluso si han pasado muchos años tras haber padecido el evento traumático.

Ser diagnosticado con el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) o haber vivido múltiples eventos traumáticos incrementan todavía más el riesgo de suciduo. Además, la depresión suele ser un síntoma que aparece en estos cuadros, haciendo que el riesgo sea todavía mayor. Entre los síntomas comunes del TEPT tenemos sentimientos de desesperación y sensación de que nadie puede ayudarlos, los cuales son una auténtica bomba de relojería que conducen al suicidio.

9. Aislamiento social

El aislamiento social es un grave problema y pude ser la causa de un suicidio. Son muchos los motivos que han llevado a una persona a sentirse sola: ruptura con la pareja, divorcio, pérdida de familiares o amigos, ansiedad social, trastorno psychological, enfermedad, jubilación, abandono acquainted… Todos ellos hacen que la persona se sienta cada vez menos motivada para seguir viviendo y acabe tomando la decisión de acabar con todo.

Pero el aislamiento social no únicamente puede ser causa de suicidio. También puede estar detrás de aparición de trastornos mentales, adicción a sustancias y alcoholismo. Es por esto que, sobre todo en personas de la tercera edad, se debe seguir manteniendo el contacto con familiares que se sepa que podrían estar pasando una época demasiado solos, a fin de evitar que puedan cometer intentos suicidas y ayudarles a recurrir a la ayuda profesional necesaria.

Referencias bibliográficas:

  • Hjelmeland, H., Hawton, Okay., Nordvik, H., Bille-Brahe, U., De Leo, D., Fekete, S., Grad, O., Haring, C., Kerkhof, J. F., Lönnqvist, J., Michel, Okay., Renberg, E. S., Schmidtke, A., Van Heeringen, Okay., & Wasserman, D. (2002). Why folks have interaction in parasuicide: a cross-cultural research of intentions. Suicide & life-threatening habits, 32(4), 380–393. https://doi.org/10.1521/suli.32.4.380.22336

— Nahum Montagud Rubio to psicologiaymente.com

¿Cómo reconocer los casos de hipocondría, y qué hacer?

La necesidad de velar por nuestro bienestar y de cuidar de la propia integridad física es uno de los factores que más han influido en la evolución de nuestro cerebro y de nuestros patrones de comportamiento.

Por ejemplo, a esto se debe que suframos miedo o ansiedad, emociones desagradables e incluso dolorosas que, sin embargo, experimentamos de forma relativamente frecuente porque son útiles para nuestra supervivencia.

Sin embargo, a veces esa predisposición a detectar señales de peligro donde no tiene por qué haberlas nos puede traer problemas, y la hipocondría es una muestra de ello. Aquí veremos cómo reconocer la hipocondría, así como algunos consejos para superarla.

¿Cómo reconocer un caso de problemas por hipocondría?

Especialmente en tiempos recientes, en los que la alta cantidad de población y las dinámicas del mundo globalizado han dado pie a varias pandemias y epidemias, la línea que separa un nivel de preocupación razonable por la propia salud, por un lado, y una obsesión injustificada con la posibilidad de tener enfermedades, por el otro, está algo borrosa.

Sin embargo, siempre es posible reconocer casos extremos en los que la percepción del estado del propio cuerpo llega a estar tan sesgada hacia el pesimismo que resulta totalmente incompatible con la realidad. Esto es lo que ocurre con la hipocondría, que no solo no ayuda a prevenir problemas graves de salud, sino que además llega a ser un problema para quien la desarrolla.

La hipocondría, o hipocondriasis, es una alteración psicológica caracterizada por la propensión a creer que se tiene una enfermedad, a pesar de no existir motivos razonables para llegar a esa conclusión.

Esto hace que vean evidencias de tener una patología en una amplia variedad de pequeños eventos de poca importancia, o que no dicen demasiado acerca del estado de salud que se tiene.

Aquí veremos algunas de sus características más distintivas.

1. ¿Qué indica que la angustia por hipocondría no está justificada?

Tal y como hemos visto, las personas con hipocondría tienen una gran facilidad para creer que sufren enfermedades, hasta el punto de que esa propensión a angustiarse con supuestos signos y síntomas de patologías llega a desgastar su calidad de vida.

Aquí es importante detenernos a pensar en la diferencia entre lo que podemos considerar motivos razonables para sospechar que se tiene una patología, por un lado, y los motivos objetivos para pensar eso. Pueden parecer equivalentes, pero no lo son.

Por ejemplo, algunas alteraciones vinculadas al dolor crónico pueden llegar a ser muy difíciles de objetivar, ya que en última instancia lo que señala su presencia es la existencia de sensación de dolor. En casos de este tipo, no existe una realidad objetiva en la que se base la concept de “tengo una enfermedad”, pero sí es razonable pensar que algo falla en nuestro cuerpo.

Así, la hipocondría tiene que ver con otorgar demasiada importancia a eventos o fenómenos que no deberían ser atribuidos a una enfermedad.

2. No es easy obsesión por la salud

Decir que alguien hipocondríaco es un individuo que muestra una preocupación excesiva por su propia salud sería inexacto. En realidad, la hipocondría se fundamenta en un tipo más concreto de preocupación: no es la necesidad de ganar salud llegando a tener un cuerpo perfecto, sino el miedo a estar perdiendo salud.

3. Gana fuerza a través de la rumiación

La rumiación psicológica es lo que ocurre cuando una concept o imagen psychological perturbadora nos viene a la cabeza una y otra vez, y hace que deseemos que desapareciera de nuestra consciencia. En el caso de la hipocondría, esto ocurre mucho, porque como asumimos que hay un problema en nuestro cuerpo casi cualquier estímulo o sensación que juzguemos como anómala puede llevarnos a pensar en la posibilidad de tener una patología.

A su vez, el hecho de exponernos varias veces a estas situaciones desagradables hace que crezca la ansiedad anticipatoria, ante la posibilidad de que con un nuevo día lleguen nuevas señales de que tenemos una enfermedad.

4. Se prolonga en el tiempo

La hipocondría es una alteración persistente, que dura meses. No es cuestión de haber visto un documental sobre los efectos de la comida procesada y pasarse una tarde pensando en eso.

¿Qué hacer?

Estos son varios consejos que pueden ayudar a las personas que hayan desarrollado hipocondría.

1. Asiste a terapia psicológica

El primer y más importante consejo es contar con ayuda por parte de psicólogos, dado que solo a través de este procedimiento dispondrás de atención personalizada y de medidas de intervención adaptadas a las particularidades de tu caso, y además por parte de profesionales específicamente formados para intervenciones de este tipo.
Eso sí, ten en cuenta que la terapia es un proceso que requiere compromiso, y abandonarlo antes de tiempo puede suponer volver a la casilla de salida.

2. Lleva un diario en el que vayas anotando lo que sientes

Es importante que te acostumbres a ver más allá de los pensamientos y de los sentimientos ligados a la hipocondría; lo best es que no te limites a vivirlos en tus propias carnes, sino que además aprendas acerca de cómo y cuándu surgen.

A través de este proceso de “ingeniería inversa” psicológica, en la que empiezas a detectar los patrones de pensamiento que hay detrás de la hipocondría (cuando esta se expresa), te será más fácil comprender hasta qué punto esas concepts son irracionales.

Para conseguir esto, algo muy útil es llevar un autorregistro: un lugar que deberás tener siempre a mano y en el que puedas ir apuntando información básica acerca de lo que piensas, sientes y haces en los momentos en los que la hipocondría se manifieste, anotando lugar, fecha y hora, y lo que ocurrió justo antres, durante y justo después de cada una de esas experiencias.

3. Crea rutinas que te mantengan lejos de la rumiación

Aunque no lo notes, la hipocondría no surge espontáneamente de tu cerebro, sino que “se alimenta” de determinados hábitos y contextos a los que te expones de manera frecuente. Por ello, una buena medida a adoptar es detectar situaciones o contextos en normal que te suelan arrastrar a la hipocondría, y optar por otras opciones.

Por ejemplo, si notas que cada vez que visitas YouTube terminas viendo vídeos sobre enfermedades, puede ser bueno elegir otro modo de rellenar parte de tu tiempo libre en Web, o bien visitar muchos vídeos de otras temáticas para que el algoritmo deje de recomendarte esos contenidos. O, si por el motivo que sea en tu grupo de amigos mucha gente es médico, les puedes pedir directamente que cuando estés con ellos no hablen de su trabajo. La concept es exponerte a situaciones distintas, ya sea modificando tu contexto o exponiéndote a otros nuevos.

4. No intentes bloquear el malestar

La hipocondría gana fuerza cuando intantamos dejar totalmente fuera de nuestra consciencia todos los pensamientos ansiógenos que nos genera. Es mucho mejor ir ganándole terreno aceptando que durante un tiempo nos producirá inquietud e incomodidad.

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Referencias bibliográficas:

  • Avia, M.D.; Ruiz, M.A. (2005). Suggestions for the Remedy of Hypochondriac Sufferers. Journal of Up to date Psychotherapy. 35(3): pp. 301 – 313.
  • Fallon, B.A.; Qureshi, A.I.; Laje, G.; Klein, B. (2000). Hypochondriasis and its relationship to obsessive-compulsive dysfunction. The Psychiatric Clinics of North America. 23(3): pp. 605 – 616.

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