Gestiona la motivación para mejorar tu rendimiento deportivo

La motivación es la fuerza que impulsa nuestra conducta e influye en gran medida sobre nuestro éxito o fracaso. Una persona motivada tiene más probabilidades de lograr lo que desea que otra persona desmotivada.

La motivación no es algo fijo e invariable en las personas. No existe un deportista que siempre esté motivado al máximo, sino que su motivación puede variar en distintos momentos debido a su propia personalidad o a factores externos. Las circunstancias que rodean al deportista influyen notablemente en su motivación. Así, cuando los resultados acompañan aumenta su motivación y esto repercute en su rendimiento deportivo de forma positiva. Y por el contrario, cuando las cosas no salen bien, muchos deportistas tienden a perder esas ganas y disminuye su grado de motivación.

No cabe duda, por lo tanto, que cualquier deportista desearía poder estar siempre motivado al máximo. Pues esto repercutirá positivamente en su rendimiento. ¿Qué se puede hacer en el deporte o en la vida para tratar de estar altamente motivados? Una de las estrategias psicológicas más poderosas y utilizadas para aumentar la motivación tiene que ver con el establecimiento de objetivos. Decíamos en un artículo anterior que “ponerte metas te motivará”, haciendo hincapié en la importancia de entrenar y competir siempre teniendo objetivos.

Existen principios básicos dentro de la psicología para establecer objetivos. La aplicación correcta de estos principios nos ayudará mucho en el logro de una alta motivación.

Lo primero que debemos tener en cuenta es establecer objetivos específicos. Los objetivos específicos afectan a la motivación más de lo que hacen los objetivos generales. Sin embargo, muchos deportistas todavía se dicen a sí mismos simplemente: “voy a hacer lo que pueda”. Ese es un objetivo muy general que difícilmente provocará en el deportista una alta motivación.

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Los objetivos deben formularse en términos muy específicos, que sean medibles claramente y que tengan que ver con nuestra conducta. Por ejemplo, un objetivo que consista simplemente en mejorar como ciclista es demasiado vago. Otro más eficaz sería el de quedar entre los 15 primeros clasificados en las carreras que se deciden al sprint, mediante la mejora en la concentración y colocación durante los últimos 10 kilómetros siguiendo la rueda de un determinado corredor.

Por citar otro ejemplo que no tenga relación con el deporte; un objetivo general e impreciso sería disminuir el nivel de colesterol. Sin embargo, un objetivo específico y preciso sería reducir el nivel de colesterol de 290 a 200 mediante la supresión de las patatas fritas por la noche y el inicio de un programa de entrenamiento que consista en caminar 1 hora, cuatro días a la semana.

Para ser eficaces, los objetivos que nos pongamos han de establecerse de forma específica. Pensar claramente qué es lo que quiero conseguir y qué tengo que hacer para lograrlo a través de nuestra motivación.