Ser ciclista femenina en España

Si estamos acostumbrados a que Centroeuropa nos lleve la delantera en muchas cosas –en otras no-, el ciclismo en este caso no es una excepción. Por desgracia. No sólo por el cariño con el que se trata la base en países como Bélgica o Francia, o por cómo han integrado las grandes carreras a su propia cultura (el Tour no es sólo un evento deportivo, es una fiesta nacional de tres semanas. Al estilo de los carnavales en Cádiz, por poner un ejemplo). Hablamos, también, de una cultura de respeto a la bicicleta en el día a día que aquí… en fin. Digamos que vamos limando distancia poco a poco, aunque sólo sea por consolarnos.

Pero si hay un apartado del ciclismo en el que España siga mostrando estar atrasada, y con mayúsculas, es en el femenino. Y en este caso hemos de decir que no es por culpa de los ciclistas (hombres), o si acaso su responsabilidad es mínima. El foco de los problemas viene de las autoridades y organismos oficiales, que tienen a las mujeres que practican el ciclismo en constante estado de arrinconamiento.

Anna Sanchis, Eneritz Iturriaga y Ane Santesteban

Anna Sanchis, Eneritz Iturriaga y Ane Santesteban

Habrá quien piense que estas líneas son demasiado duras. Puede. Pero este que escribe –y perdón por usar la primera persona en este artículo- nunca había estado cerca del ciclismo femenino hasta hace un par de meses. Y ahora he podido comprobar la triste realidad de una igualdad que estamos a años luz de alcanzar. No sólo entre hombres y mujeres en este deporte –que no la hay y tampoco es que estemos avanzando-, sino entre España y los países centroeuropeos, espejo en el que tantas veces nos miramos.

Plante femenino en el Open de España

Plante femenino en el Open de España

Se puede decir, sin miedo a equivocarse, que España está a la espera de que salga una fuerza de la naturaleza al estilo de Somarriba para poder tener cierto peso en el ciclismo femenino. ¿Es que no hay mujeres que corran? ¿O acaso es que no tienen nivel para medirse a sus compañeras europeas? Y si no lo tienen, ¿a qué se debe? ¿Son las mujeres españolas, genéticamente, inferiores a las demás para montar en bici? No. Claro que no. El problema es la falta de profesionalización y de independencia en el ciclismo femenino.

 Lo de la profesionalización cae por su propio peso: en este país podemos contar con los dedos de una mano las ciclistas profesionales. Porque “profesional” significa “que hace de esa actividad su profesión”, y la mayoría de nuestras corredoras que se miden a Marianne Vos, Elisa Longo, etc, tienen que compaginar el entrenamiento y la competición con otro trabajo que les permita llegar a fin de mes. Así, sintiéndolo mucho, es imposible que se equiparen. Por mucho talento natural que tengan.

Por no hablar del asunto de los “salarios”. En el ciclismo masculino existe un convenio que permite tener unas reglas. Otra cosa es que luego se pueda cumplir más o menos. Las féminas en nuestro país suelen cobrar por carreras. O sea, que si se lesionan y están tres meses sin correr, están tres meses sin cobrar. Y mientras, siguen trabajando y con el tiempo contado para entrenar. En esas condiciones es difícil competir con nadie.

Belén López compagina ciclismo y trabajo

En cuanto a la independencia, también tiene lo suyo. El caso más reciente es el que contaba Anna Villar en la primera prueba del Open de España de XCO, en que las corredoras –y muchos corredores- se plantaron ante el intento de ninguneo al que fueron sometidas. Desde la organización quisieron dejar que salieran las últimas. Eso pasa también en la base, con niñas de categoría cadete que salen junto a niños infantiles y hacen distancias ridículas en carrera. Con la excusa de que es “lo mejor para ellas”. Pues, perdonen, pero lo mejor para ellas deberían decidirlo ellas. Luego escuchamos a los mismos hablar de que no hay nivel en féminas, ¿cómo quieren que lo haya? Si llevan años en un círculo vicioso.

En definitiva, que estamos en el siglo XXI y los organismos oficiales están demostrando haberse quedado atrás con respecto al curso de los tiempos y a los propios ciclistas. Pero esto en Europa, donde tanto nos fijamos cuando nos interesa, no pasa. Allí se las trata con respeto y dignidad. Aquí son un montón de luchadoras, apasionadas de la bici, que se enfrentan a una situación precaria, marginal y, encima, se les ponen excusas para que no puedan competir en condiciones. No se trata de “hacer lo mismo que los hombres” porque sí, como confunden muchos al oír –sin molestarse en entender- sus reivindicaciones, sino de hacer lo necesario para que la competición femenina, en España, haga mejorar a nuestras ciclistas. Desde principiantes hasta profesionales. Eso sí, cuando salga una ‘fuoriclasse’ que gane algo grande, querrán salir bien visibles en la foto.